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¿Vale la pena? | ||
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Uno se pregunta si realmente la pasión que sentimos todos los que somos parte del automovilismo amerita ser pagada con una vida, cada vez que la impiadosa dama de negro se hace presente sin llamado ni aviso previo. Mas aún si la vida segada de manera absurda e irracional era la de un joven trabajador y exitoso como era Gabriel Werner. Y digo era porque la vida se le escapó de las manos a Gabriel en el circuito cordobés “Oscar Cabalén” de Alta Gracia, el pasado 23 de noviembre en el marco de la última fecha de la Fórmula Renault Plus. Ese mismo lugar -como tantos otros del país-, donde domingo tras domingo desarro- llaba su labor con los autos de Fórmula, los cuales constituían el verdadero motor de su pasión por los fierros y el automovilismo. Un hecho tan increíble como trágico, que trajo consigo un final inmerecido y anticipado para un chico que no sabía de renunciamientos a la hora de manejarse en los autos y en la vida, con una frontalidad absoluta -por momentos descarnada-, que llamaba la atención en este ambiente tan dominado por las apariencias y los valores morales de cartón. Seguramente seguirá acelerando y trabajando en otro lado junto a la compañía del inefable abuelo Tuno, de Jorgito Deu y Héctor Darrichón. El mismo Deu que supo seguirlo incansablemente por toda América del Sur en la Fórmula 3. Para luego reflejarlo en su Página de Automovilismo de los días domingos, donde todos los entrerrianos se enteraban de las actuaciones de uno de sus hijos pródigos… las cuales rara vez estaban acompañadas por un soporte material adecuado a las exigencias de la categoría sub-continental. Pero claro, todo lo que Gabriel hacía estaba impulsado por el motor de la pasión, ese que no sabe de carencias económicas, kilómetros o diferencias técnicas. Ese mismo motor de la pasión que llevó al Cabezón a dejar la vida en una pista, precisamente en el circuito que recuerda al Califa Grande (Cabalén). Por esos caprichos del destino, una de las últimas notas gráficas que concedió Gabriel José Maria Werner fue la publicada por H&M en su número 137. Donde reseñaba los avatares de sus queridos autos de Fórmula, como así también su paso por la F3 con una sinceridad absoluta desprovista de cualquier tipo de apariencias. Etapa ésta de la cual no tenía cuentas deportivas pendientes, y si un enorme bagaje de conocimientos que luego aplicó con paciencia y trabajo metódico en los autos y chicos de la FRE. |
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Texto y fotos; Gentileza de la Revista |
-""Hombres & Máquinas" |